La carretera
Cormac McCarthy
Mondadori, 2007
210 p.|18,90 €|ISBN:9788438720775
De todos los libros que he leído de Cormac McCarthy, éste me ha resultado el más triste. La prosa, más sintética que nunca, muestra la poesía de la soledad, el peligro y una de sus consecuencias: el amor protector; y la desolación ante el paisaje de la muerte, del que también nace un paisaje interior.
En esta novela todo es muerte, y la descripción de un mundo arrasado por la Obra humana permanece constante hasta las últimas páginas. La sucesión de escenarios desempeña en la estructura de La carretera una función reveladora para el lector, tanto que la acción se ha difuminado en el discurso descriptivo. El ritmo es lento, tan lento al menos como los protagonistas, un padre y su hijo, han de caminar por una tierra donde los seres humanos, animalizados definitivamente, se comen los unos a los otros, habitan al acecho, husmean alimentos que la Catástrofe dejó escondidos en remotas alacenas y almacenes; donde los pueblos y ciudades han perdido la condición social que los crearon y cada casa pertenece a una sucesión de madrigueras.
Aunque en las novelas anteriores de McCarthy se detecta un aire de las sagradas escrituras, La carretera es un libro bíblico, pues padre e hijo repiten el viaje a una tierra prometida donde viven los «buenos» (sic), que no comen carne humana, y donde deben de ser abundantes los alimentos. Como en la Biblia, el camino, la carretera, atraviesa un desierto difícil para el ser humano y éste tiene que superar una y otra vez las pruebas de ese desierto, además de los encuentros típicos en cientos de narraciones que han tratado tradicionalmente el tema del camino y del bosque. Sólo que «en esta carretera no hay interlocutores de Dios» (p. 30), y a veces la voz interior del personaje principal se asemeja a la de un profeta nihilista. ¿Qué ruinas existirán al final de un viaje tan negro? Su lectura divierte como la del Éxodo, y la escritura a veces es sublime como la de algún libro de los Profetas aunque, a diferencia de los antiguos escribas, McCarthy conecta directamente con el corazón contemporáneo.
Se ha dicho que La carretera pertenece a extraños géneros (el género, que no es una realidad, sino una convención crítica), y que tiene un argumento flojo. A mí me parece un libro fundamentalmente poético, donde no «pasa» otra cosa que la evolución de la angustia y la desesperación de un padre que tiene que proteger a su hijo a lo largo de un camino donde la locura y el egoísmo materialista han hecho de cada paso un porvenir imposible.epz
Cormac McCarthy
Mondadori, 2007
210 p.|18,90 €|ISBN:9788438720775
De todos los libros que he leído de Cormac McCarthy, éste me ha resultado el más triste. La prosa, más sintética que nunca, muestra la poesía de la soledad, el peligro y una de sus consecuencias: el amor protector; y la desolación ante el paisaje de la muerte, del que también nace un paisaje interior.En esta novela todo es muerte, y la descripción de un mundo arrasado por la Obra humana permanece constante hasta las últimas páginas. La sucesión de escenarios desempeña en la estructura de La carretera una función reveladora para el lector, tanto que la acción se ha difuminado en el discurso descriptivo. El ritmo es lento, tan lento al menos como los protagonistas, un padre y su hijo, han de caminar por una tierra donde los seres humanos, animalizados definitivamente, se comen los unos a los otros, habitan al acecho, husmean alimentos que la Catástrofe dejó escondidos en remotas alacenas y almacenes; donde los pueblos y ciudades han perdido la condición social que los crearon y cada casa pertenece a una sucesión de madrigueras.
Aunque en las novelas anteriores de McCarthy se detecta un aire de las sagradas escrituras, La carretera es un libro bíblico, pues padre e hijo repiten el viaje a una tierra prometida donde viven los «buenos» (sic), que no comen carne humana, y donde deben de ser abundantes los alimentos. Como en la Biblia, el camino, la carretera, atraviesa un desierto difícil para el ser humano y éste tiene que superar una y otra vez las pruebas de ese desierto, además de los encuentros típicos en cientos de narraciones que han tratado tradicionalmente el tema del camino y del bosque. Sólo que «en esta carretera no hay interlocutores de Dios» (p. 30), y a veces la voz interior del personaje principal se asemeja a la de un profeta nihilista. ¿Qué ruinas existirán al final de un viaje tan negro? Su lectura divierte como la del Éxodo, y la escritura a veces es sublime como la de algún libro de los Profetas aunque, a diferencia de los antiguos escribas, McCarthy conecta directamente con el corazón contemporáneo.
Se ha dicho que La carretera pertenece a extraños géneros (el género, que no es una realidad, sino una convención crítica), y que tiene un argumento flojo. A mí me parece un libro fundamentalmente poético, donde no «pasa» otra cosa que la evolución de la angustia y la desesperación de un padre que tiene que proteger a su hijo a lo largo de un camino donde la locura y el egoísmo materialista han hecho de cada paso un porvenir imposible.epz



