Todas las familias felices
Carlos Fuentes
Alfaguara, 2006
360 p.|19,50 €|ISBN:842047083X
En cuanto tuve oportunidad, me sumergí en el (muy publicitado) último libro de Carlos Fuentes, a quien no leía desde hacia varios títulos. Conservo el turbador recuerdo de La muerte de Artemio Cruz, y las experiencias iluminadoras de Aura y Terra nostra; y el recuerdo no menos instructivo de los artículos de prensa, aunque no sean pocas las veces en que esté en desacuerdo con la postura que despliega en ellos. Por supuesto, soy un lector magro de este autor, que ha escrito más páginas de las que soy capaz de leer. Por eso, para tratar de subsanar esta pequeña laguna, y porque leí alguna de las entrevistas al autor en los suplementos culturales de Madrid que despertaron mi curiosidad (las declaraciones sobre los sentimientos que guarda hacia sus dos hijos fallecidos son conmovedoras), decidí ir a la librería y traerme como trofeo Todas las familias felices, editado por Alfaguara, su editorial de costumbre, con el entusiasmo de la novedad entre mis manos.
Pero no me duró mucho el impulso, porque pronto el texto me desanimó. No porque Fuentes desconozca el oficio; de ninguna manera: es un virtuoso; ni mucho menos porque el tema sea de poco interés -la violencia, la corrupción en México-. El libro está coformado por una serie de cuentos cuya conexión formal son unos textos de tendencia poética, a los que El Cultural de El Mundo ha llamado "textos rapeados" y que no parecen tener esa intención. La conexión temática, como ya he dicho, son la violencia, la corrupción y las relaciones familiares y políticas en México. Es un libro muy organizadito, la verdad, escrito con una mano firme y consciente de la finalidad que persigue. Pero me resultó aburrido. Tanto, que dejé el libro por la mitad, desalentado, desolado, sin más lecturas suculentas que hacer. La prosa de Fuentes en este libro padece de un cansino tono didáctico y, para decirlo en una frase que me gusta, es un libro escrito con la corbata puesta. Y eso no tiene por qué ser negativo; simplemente a mí ya ese tipo de libros no me dicen nada.
Quizá se deba, cavilo un tanto preocupado, que cada vez soy más frívolo y la televisión me está haciendo perder la papilas necesarias para comulgar con este tipo de discurso. Creo, de todas formas, que me gusta muchísimo más el Fuentes que narra la escatológica muerte de Artemio Cruz con todas sus marramucias, y la mágica espiral escrita en segunda persona del futuro de Aura, que aún me deja con la sensación de que la brujería no se ha acabado del todo. De todas maneras, estoy seguro de que este libro va a tener éxito, porque los fans (y los conocedores) de Fuentes sabrán encontrar, mejor que yo, los diamamantes escondidos entre sus palabras. Y los rescatarán para el futuro venidero. Mira tú qué bien.JCCH.
Carlos Fuentes
Alfaguara, 2006
360 p.|19,50 €|ISBN:842047083X
En cuanto tuve oportunidad, me sumergí en el (muy publicitado) último libro de Carlos Fuentes, a quien no leía desde hacia varios títulos. Conservo el turbador recuerdo de La muerte de Artemio Cruz, y las experiencias iluminadoras de Aura y Terra nostra; y el recuerdo no menos instructivo de los artículos de prensa, aunque no sean pocas las veces en que esté en desacuerdo con la postura que despliega en ellos. Por supuesto, soy un lector magro de este autor, que ha escrito más páginas de las que soy capaz de leer. Por eso, para tratar de subsanar esta pequeña laguna, y porque leí alguna de las entrevistas al autor en los suplementos culturales de Madrid que despertaron mi curiosidad (las declaraciones sobre los sentimientos que guarda hacia sus dos hijos fallecidos son conmovedoras), decidí ir a la librería y traerme como trofeo Todas las familias felices, editado por Alfaguara, su editorial de costumbre, con el entusiasmo de la novedad entre mis manos.Pero no me duró mucho el impulso, porque pronto el texto me desanimó. No porque Fuentes desconozca el oficio; de ninguna manera: es un virtuoso; ni mucho menos porque el tema sea de poco interés -la violencia, la corrupción en México-. El libro está coformado por una serie de cuentos cuya conexión formal son unos textos de tendencia poética, a los que El Cultural de El Mundo ha llamado "textos rapeados" y que no parecen tener esa intención. La conexión temática, como ya he dicho, son la violencia, la corrupción y las relaciones familiares y políticas en México. Es un libro muy organizadito, la verdad, escrito con una mano firme y consciente de la finalidad que persigue. Pero me resultó aburrido. Tanto, que dejé el libro por la mitad, desalentado, desolado, sin más lecturas suculentas que hacer. La prosa de Fuentes en este libro padece de un cansino tono didáctico y, para decirlo en una frase que me gusta, es un libro escrito con la corbata puesta. Y eso no tiene por qué ser negativo; simplemente a mí ya ese tipo de libros no me dicen nada.
Quizá se deba, cavilo un tanto preocupado, que cada vez soy más frívolo y la televisión me está haciendo perder la papilas necesarias para comulgar con este tipo de discurso. Creo, de todas formas, que me gusta muchísimo más el Fuentes que narra la escatológica muerte de Artemio Cruz con todas sus marramucias, y la mágica espiral escrita en segunda persona del futuro de Aura, que aún me deja con la sensación de que la brujería no se ha acabado del todo. De todas maneras, estoy seguro de que este libro va a tener éxito, porque los fans (y los conocedores) de Fuentes sabrán encontrar, mejor que yo, los diamamantes escondidos entre sus palabras. Y los rescatarán para el futuro venidero. Mira tú qué bien.JCCH.




